Hablar de placer sin culpa: por qué nos cuesta tanto

Hablar de placer sin culpa: por qué nos cuesta tanto

Haz la prueba. Piensa en la última vez que hablaste de placer, del tuyo, con alguien. No de sexo en broma, no de lo que pasó en una serie: de lo que a ti te gusta, de lo que sientes, de lo que te gustaría probar. Si te cuesta recordarla, no estás sola. A la mayoría de nosotras nos pasa lo mismo.

No es timidez ni falta de ganas. Es algo que aprendimos, muchas veces sin que nadie lo dijera en voz alta.

Lo que aprendimos en silencio

Crecimos escuchando sobre los riesgos: cuidarte, no quedar embarazada, no "dar que hablar". La educación sexual que muchas recibimos fue, sobre todo, una lista de peligros. El placer casi nunca apareció en esa conversación, y cuando algo no se nombra, empieza a sentirse como algo que no debería existir.

A eso se suman frases que se quedan pegadas: "eso no se habla", "las niñas bien no…", "qué va a pensar la gente". Ninguna habla directamente de placer, pero todas dejan el mismo mensaje: tu deseo es algo que hay que esconder.

La culpa tiene muchas caras

La culpa no siempre se siente como culpa. A veces aparece como vergüenza de preguntar algo a tu ginecóloga. Otras, como la costumbre de priorizar siempre lo que le gusta a la otra persona. O como esa voz que dice que dedicarte tiempo a ti, a tu cuerpo, a sentir, es un capricho.

También aparece cuando algo cambia: después de un embarazo, con la menopausia, con el estrés o el cansancio. En vez de conversarlo, muchas lo callamos, como si fuera un problema solo nuestro.

Por qué vale la pena nombrarlo

Hablar de placer no es exhibirse. Es conocerse. Cuando puedes poner en palabras lo que te gusta y lo que no, te resulta más fácil cuidarte, pedir lo que necesitas y detectar cuando algo no está bien.

En el conversatorio El Arte de Sentir lo conversamos entre mujeres, con kinesiólogas y una sexóloga. Nombrar lo que nos pasa alivia, porque nos recuerda que no somos las únicas.

Tres formas simples de empezar

  1. Empieza contigo. Antes de hablarlo con alguien, pregúntate qué te hace sentir bien, sin juzgarte. Escribirlo también sirve.
  2. Usa palabras reales. Nombrar tu cuerpo sin apodos ni rodeos le quita peso a la vergüenza.
  3. Busca un espacio seguro. Una amiga de confianza, tu pareja, una profesional de la salud. No tienes que contarlo todo de una vez.

Darte permiso también es cuidarte

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El placer no es un premio que hay que ganarse. Es parte de tu bienestar, igual que dormir bien o tener a alguien con quien conversar.

Conversemos

¿Quién te enseñó a hablar de placer, o quién te enseñó a callarlo?

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— Fanely

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